Comunidad del Colegio Chile Norte se lució en desfile dominical

Con motivo de la proximidad de la conmemoración del Aniversario Nº 11 del Colegio Chile Norte, la comunidad del establecimiento constituída por  estudiantes, docentes, administrativos y apoderados participaron en el desfile dominical del 21 de junio, destacando por su presentación y espíritu cívico.

Parte de los docentes y personal administrativo que participaron en el acto cívico

Parte de los docentes y personal administrativo que participaron en el acto cívico

Como siempre los pequeños de la Educación Pre-escolar del Colegio participaron, poniéndo la nota de ternura en una fecha que coincidió con el Día del Padre.

Como siempre los pequeños de la Educación Pre-escolar del Colegio participaron, poniéndo la nota de ternura en una fecha que coincidió con el Día del Padre.

Con orgullosa gallardía los alumnos del Colegio Chile Norte desfilaron encabezados por el pabellón nacional y el estandarte del Colegio

Con orgullosa gallardía los alumnos del Colegio Chile Norte desfilaron encabezados por el pabellón nacional y el estandarte del Colegio

     Desfile Aniversario1-2015El Coordinador de la Especialidad de Explotación Minera, señor Carlos Cáceres junto al Encargado de Actividades Curriculares de Libre Elección, profesor Luis Romero, encabezan el paso de los alumnos de 4º  Año Medio

El Director del Colegio, Juan Villarroel, junto a parte de su equipo directivo.

El Director del Colegio, Juan Villarroel, junto a parte de su equipo directivo.

3º Medio de Explotación Minera, con el atavío de su especialidad.

 

 

 

 

 

El Centro General de Padres y Apoderados se hizo presente a través de sus dirigentes.

El Centro General de Padres y Apoderados se hizo presente a través de sus dirigentes.

Emotivo homenaje a los Héroes del Morro en el Colegio Chile Norte

  • Sostenedores, directivos, profesores, alumnos, administrativos, alumnos y apoderados recordaron la gesta de la Toma del Morro de Arica.
El collage pretende sintetizar el desarrollo de la velada.

El collage pretende sintetizar el desarrollo de la velada.

Con espíritu patriótico, la comunidad del Colegio Chile Norte rindió un homenaje a los héroes que combatieron y capturaron el Morro de Arica en la madrugada del 7 de junio de 1880.

En acto participaron todos los estamentos del colegio, que se caracterizó por el espíritu de chilenidad. Profesores y alumnos participaron en la velada organizada y que -por razones obvias- se realizó el lunes 8 de junio.

*El Asalto y Toma del Morro de Arica

Eduardo Arriagada Alfaro
Historiador
Academia de Historia Militar

*Obs.:  Con motivo de la conmemoración del Asalto y Toma del Morro de Arica, se transcribe el presente artículo.

Terminada labatalla, los oficiales del ejército chileno revisa la situación del campo de batalla.

Terminada la batalla, los oficiales del ejército chileno revisan la situación del escenario histórico.

Se puede afirmar que uno de los hechos más emblemáticos de la Guerra del Pacífico correspondió a la toma de la plaza de Arica, que tuvo lugar durante los días que siguieron al triunfo chileno en la batalla de Tacna.

Normalmente se asocia aquella acción de guerra con el asalto del enorme morro que flanquea a la ciudad, el cual tuvo lugar en la madrugada del día 7 de junio de 1880; pero las operaciones que culminaron en esta última acción habían ido desarrollándose desde los últimos día del mes de mayo del mismo año. Su éxito queda reflejado en uno de los primeros telegramas enviados a Chile, comunicando la victoria nacional:

“(Recibido a las 11.10 A.M.). Santiago, junio 8 de 1880. Señor Ministro de la Guerra: ¡Viva Chile! Arica asaltado y tomado a la bayoneta. Todos los fuertes en nuestro poder. «Manco» a pique. Nuestra escuadra fondeada tranquilamente en la bahía. Los honores de la jornada corresponden a los regimientos 3º y 4º de Línea. Felicito al Gobierno y a la nación por el triunfo más glorioso y completo alcanzado en la presente guerra por nuestro invencible ejército. Voy a comunicar. LYNCH.”

Después de la batalla de Tacna, se hizo evidente para el Alto Mando chileno que el paso siguiente debía ser la conquista de la plaza de Arica, la cual resistía como el último reducto peruano en medio de una región que ya estaba en las manos de Chile. Pero la ocupación de esa plaza no era nada de fácil, ya que se hallaba fortificada y artillada, destacando en ella tres fuertes ubicados en los terrenos bajos y situados en la parte norte de la ciudad, y otros tres que se hallaban emplazados en el Morro mismo. Aparte de lo anterior, la plaza estaba protegida por un complejo sistema de minas que estallaban a la primera presión que se hiciera sentir sobre ellas y que había sido elaborado por un ingeniero peruano.

Sólo una mente militar muy sobresaliente podía hacerse cargo de esta operación, la cual recayó en la persona del coronel Pedro Lagos, cuya designación fue hecha por el mismo General en Jefe, Manuel Baquedano. Lagos había comenzado su formación militar en la antigua Academia Militar (la actual Escuela Militar). En sus primeros años de servicio demostró una gran capacidad de trabajo y una notable afición al estudio, por lo cual uno de sus jefes lo propuso para Subteniente, lo que fue acogido y en noviembre de 1850 Pedro Lagos comenzó su carrera de oficial.

Le tocó participar en las revoluciones de 1851 y de 1859, ambas destinadas a derrocar al gobierno de Manuel Montt; a Lagos le tocó participar como defensor de la autoridad nacional, teniendo destacadas actuaciones. También le correspondió estar en las campañas de la Incorporación de la Araucanía, más exactamente entre los años 1859 y 1868. En esas operaciones militares pudo desarrollar muy bien su sentido estratégico y su capacidad de conducción táctica, lo cual le sería de enorme utilidad en las campañas de la Guerra del Pacífico.

Cuando estalló este último conflicto, Lagos fue llamado a hacerse cargo del regimiento Santiago, cuya tropa fue instruida y preparada por el mismo, con el fin de que pudiera combatir en el teatro de guerra. Llegó a ser Jefe del Estado Mayor del Ejército de Operaciones del Norte; como tal entró en desacuerdos con el General en Jefe, Erasmo Escala, lo que motivó que presentara su renuncia ante el Ministro de Guerra en Campaña, Rafael Sotomayor. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes que volviera a servir en el norte, como Primer Ayudante de Campo.

Se hizo conocido por su prolijidad en el cumplimiento de sus deberes. De hecho, antes de cada acción de guerra, solía reconocer el terreno donde aquel se llevaría a efecto, generalmente durante la noche, para después regresar al campamento, tomar el mando de su cuerpo y entrar al combate; si la anterior labor la terminaba en plena noche, se bajaba del caballo y dormía en el suelo, sólo abrigado con su capote. De esta forma tuvo una destacada actuación en la batalla de Tacna, según consigna el manuscrito que contiene su biografía:

“Hizo varias exploraciones sobre el campo enemigo, cooperó con su actividad a que la batalla de Tacna se diera el 26 de mayo de 1880, en la que se le vio en todas partes, ayudando con su presencia y oportunas medidas al triunfo de esa memorable acción, pues hubo momentos en que para que obrase la artillería por el gran médano, tiró las piezas al pegual de su caballo. Terminada la acción se le confió el mando de la reserva con la que persiguió al enemigo en su derrota hasta Calientes o San Francisco, logrando hacerle ochocientos prisioneros.”

En Arica, Pedro Lagos volvió a realizar reconocimientos en el terreno mismo, dándose cuenta de que el asalto al Morro debía realizarse en forma rápida y sorpresiva. Gonzalo Bulnes, en su obra “Guerra del Pacífico”, subraya las cualidades de Lagos para enfrentar una empresa de esas características:

“Lagos, como todos los jefes formados en las campañas de Arauco, daba gran importancia a la astucia. En esa guerra los ataques eran sorpresivos de un lado y otro. No había medio de alcanzar tribus errantes sino por engaño. Siempre tendrá que suceder eso en la lucha de un ejército con masas irregulares, que mudan su campamento a voluntad, que aparecen tan pronto aquí como allí, que llevan todo en el lomo de sus veloces caballos: armas, hogar, familia. Lagos, como la mayor parte de los jefes chilenos de esta época, se había formado en esa escuela.”

De esta forma, Lagos elaboró un plan de ataque en el cual el papel principal lo tendría el Arma de Infantería, ya que la caballería quedaría encargada de cerrar la retirada de los soldados peruanos. Gonzalo Bulnes lo describe de la siguiente forma:

“Lagos dispuso el ataque en esta forma. Un regimiento, sin nombrar cual, caería de sorpresa sobre el fuerte «Este» colocado a la izquierda del sitio en que estaba el campamento chileno; y otro sobre el fuerte «Ciudadela», situado a la derecha en la cuchilla que conducía al Morro. Este cuerpo debía fraccionar su tropa dedicando uno de los batallones a apoderarse del fuerte mismo; el segundo a tomarse las zanjas y reductos sucesivos que cubrían el sendero que conducía al Morro. El tercer regimiento serviría de reserva, manteniéndose equidistante de los que marchaban al ataque. La caballería, que no tenía papel en un asalto de fortificaciones, quedaría a retaguardia cuidando los pasos por donde los peruanos podían retirarse o fugar.”

El asalto finalmente se hizo principalmente desde el lado este del Morro, en el cual se situaban los fuertes más difíciles de atacar. La acción fue realizada mayoritariamente por los regimientos 3º y 4º de Línea. Esto necesitó, además de una cuidadosa planificación, del valor de los oficiales, de los clases y de la tropa, quienes demostraron un heroico comportamiento, lo cual quedó reflejado en la gran cantidad de bajas que hubo entre ellos. Los chilenos debieron proceder muy rápido, antes que los jefes peruanos optaran por hacer estallar todo el sistema de minado de la plaza; esto último no ocurrió, con lo cual se evitó que toda la plaza entera saltara por los aires, produciendo una gran pérdida de peruanos y chilenos. La resistencia de los primeros fue ejemplar, destacando la conducta heroica del jefe de la plaza de Arica, coronel Francisco Bolognesi, quien falleció en este hecho de armas, junto a muchos de sus oficiales, clases y soldados. La determinación de aquel jefe peruano de no rendirse quedó plasmada en el siguiente telegrama enviado unos días antes de este hecho de armas:

“Arequipa, junio 5 (noche). Señor Prefecto de Ica: Sírvase V. S. trasmitir a S. E. el Jefe Supremo lo que sigue: «Con esta fecha recibo telegrama de Arica. «Prefecto Arequipa: Parlamento enemigo intima rendición. Contesto, previo acuerdo de los jefes: ‘Resistiremos hasta quemar el último cartucho.’ BOLOGNESI.”

Los historiadores militares han destacado bastante este hecho de armas, en el contexto de la historia militar americana, debido a la celeridad con que se desarrollaron las acciones y a las dificultades que los soldados chilenos debieron vencer. Gonzalo Bulnes lo resalta de la siguiente forma:

“Muy pocos hechos mas heroicos ofrece la historia americana que el asalto y toma de Arica. No sólo la de Chile sino la de cualquier país del mundo podría enorgullecerse de ella. Reloj en mano, los regimientos tardaron 55 minutos desde que partieron agazapados de sus campamentos hasta que clavaron sus banderas victoriosas en el Morro. Se ha hecho la prueba de recorrer esa distancia al tranco del caballo y se ha empleado mas tiempo que el que tardaron los chilenos en rendir todas las trincheras.”

Esta acción de guerra causó admiración en Chile. El Presidente Aníbal Pinto felicitó al General en Jefe, Manuel Baquedano, quien, en el parte oficial que elevó al Ministro de Guerra, destacó el papel desempeñado por Pedro Lagos y las unidades de infantería de la siguiente manera:

“No cesaré esta nota, señor Ministro, sin hacer antes una honrosa y particular mención del señor coronel don Pedro Lagos, por el valor y serenidad con que supo llevar a cabo el ataque y toma de los fuertes del sur de Arica, cumpliendo así con mis instrucciones. Aunque todo el ejército estaba dispuesto a ejecutar la misma hazaña, debo consignar aquí que a los regimientos 3º y 4º de Línea les cupo en suerte escribir, el día 7 del presente, una de las más gloriosas páginas de la historia de la República, apoderándose, a pecho descubierto y sin mas armas que sus rifles y bayonetas, de las formidables fortificaciones de Arica.”

Pedro Lagos quedó con el reconocimiento de ser un brillante conductor militar y, según Gonzalo Bulnes, fue uno de los hombres que planificaron la Guerra del Pacífico, desde Arica y hasta Lima. En una parte de su obra, dicho historiador señala lo siguiente:

“Mezcla poderosa de valor, de sagacidad, de compañerismo fraternal, fue Lagos un gran soldado en la guerra del Pacífico. Lo veremos lucir en Arica, como en Tacna, y en Miraflores donde salvó el ejército. […] En lo militar fue con Velásquez el consejero del general Baquedano, el que en toda situación grave, desde la época a que he alcanzado en esta obra, no procedía sin consultarlo. Baquedano, Lagos y Velásquez fueron el pensamiento directivo de la campaña, desde el asalto de Arica hasta la toma de Lima. A ese triunvirato resplandeciente hoy con las iluminaciones de la victoria corresponde todo lo que se haga en adelante.”

… y Puesta en valor del Mercado Central de Arica

Introducción a esta publicación.- El 10 de abril de 2013, el periodista Braulio Olavarría publicó en el diario electrónico El Morrocotudo el artículo titulado “Recuperar la campana de 1757 y poner en valor el Mercado Central de Arica”.
Por la importancia que en él se da al patrimonio histórico y cultural de Arica y la valoración que de él se hace, considerando además la reciente celebración del Día del Patrimonio y la actual conmemoración del Mes de Arica, parece pertinente transcribir un fragmento de este trabajo, con la finalidad de apreciar mejor nuestra historia y a nuestra ciudad.

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Por Braulio Olavarría
El Morrocotudo, 10 de Abril, 2013

Una genuina señal de compromiso de parte de la actual administración edilicia debiera ser la de desahuciar el decreto de demolición del año 1987 y reformulado en el 2010. Por fortuna, no se ha concretado. Pero sigue ominosamente en cierne.

Que el Mercado Central de Arica es un bien patrimonial pletórico de historia, es algo que ha ido cobrando progresiva conciencia en la comunidad e, incluso, entre nuestras a menudo ignorantes y maleables autoridades.

Mercado Central de Arica

Que el Mercado Central de Arica es un bien patrimonial pletórico de historia, es algo que ha ido cobrando progresiva conciencia en la comunidad e, incluso, entre nuestras a menudo ignorantes y maleables autoridades.

Enhorabuena, porque los que toleraron que el Casco Antiguo se llenara de estacionamientos callampas, no tuvieron empacho para intentar demoler una construcción centenaria, bastante venida a menos, por cierto; pero a causa de nuestra crónica desidia.

Y ocurre que lo que no han logrado los movimientos sísmicos, quisieron perpetrarlo ellos mediante un descarado arbitrio de sus facultades administrativas. Lo que pasa es que les cuesta mucho (del verbo CO$TAR) entender que los bienes histórico-culturales son patrimonio de la ciudad, de todos los ariqueños.

Lo anterior es un claro reflejo de la crisis de identidad acerca de la historia y el acervo cultural que campea en una ciudad que ostenta más de 8 mi años de existencia y que, por añadidura, es la segunda más antigua de Chile, a partir de la conquista española. Cuántas ciudades no se quisieran este riquísimo patrimonio, para sacarle lustre de nobleza y aventajado provecho en el plano de la cultura y el turismo. Pero aquí los árboles no nos dejan ver el bosque. Entretanto, la siniestra picota se mantiene en perseverante acecho.

En la planta de nuestro Mercado Central se ha verificado una serie de asentamientos y usos de suelo: ocupación prehispánica; una mansión construida a más tardar en 1678; un convento (1714-1828), un cuartel militar y un mercado hasta 1868; otra vez mercado en un edificio nuevo desde 1876, regimiento entre 1879 y 1882; y definitivamente centro de abasto desde 1882 hasta nuestros días.

DESDE LA CHIMBA

Se postula que el primer convento de San Francisco estuvo ubicado, al parecer desde fines del siglo 16, en al menos dos puntos de La Chimba, el último de ellos en el terreno donde hoy está el Campus Velásquez. Se llamó Convento de Nuestro Padre San José o, simplemente, de San José, nombre que con el correr de los años tomó el vecino río conocido ancestralmente como Azapa. Tenía la característica de ser una hospedería para los religiosos de esa y otras órdenes en viaje al Alto Perú.

Por su importancia y por tener ya una regular dotación de religiosos, en 1635 este convento es elevado al rango de Guardianía (el superior tiene la categoría de guardián). Pero el oasis de la Chimba no era un edén, puesto que los franciscanos debían sufrir el ataque de los zancudos y su temible aguijón inductor de la malaria y vivían también con el credo en la boca ante la amenaza de las “inundaciones de mar” (1604, 1615, 1618, 1647 y 1705). No obstante, la factibilidad de trasladarse a la ciudad se veía frustrada por el sino de una pobreza verdaderamente franciscana. Ellos se sustentaban con lo que producían en su parcela, con limosnas y de algunas subvenciones.

Conforme a la tradición histórica, la oportunidad llegó cuando el poderoso vecino Gaspar de Oviedo de Las Quintas les donó el solar en que había estado aposentada su casona señorial. Cuenta la infidente tradición que Oviedo derribó la residencia y se fue con la familia a su casa patronal de Azapa, a causa de que su joven, guapa y sociable esposa (María Messía de Zúñiga y Massaniegos) cometió el desliz de invitar y compartir en un sarao con oficiales de la real armada española, en los precisos momentos en que él pernoctaba en su hacienda del valle. Se disfrutó hasta altas horas de la noche (claro que nunca más allá de las 12, como ahora).

El monótono e interminable zapateo –danza en boga- con acompañamiento musical tienen que haberlo sentido casi todos los vecinos de la pequeña ciudad que -si la comparamos con lo que es hoy- abarcaba el perímetro Sotomayor-21 de Mayo-Baquedano-Colón. Por lo demás, ya al atardecer las campanas de La Matriz y de los tres conventos daban el “toque por las almas perdidas”, llamando a todo el mundo a recogerse. Y a las 9 de la noche hacían sonar el “toque de queda”.

Más que por celos, asegura la narración, Gaspar de Oviedo (quien se había casado a los 50 años) se sintió ofendido porque dichos marinos no estaban a la altura de su estatus social. Un nivel no aristocrático, por cierto; pero sí de orgulloso abolengo fermentado por el poder del dinero. Como primogénito, y mediante el mecanismo del mayorazgo, había heredado tierras en Lluta y Azapa, además de grandes recuas de mulas dedicadas al trajín Arica-Potosí-Arica. Era uno de los hombres más ricos de Arica. Ocupó (comprándolos en subasta) todos los cargos de oficio: regidor, alcalde, alférez real y maestre de campo. Investido de esta última dignidad, que le otorgaba el mando de las milicias, dirigió la heroica defensa contra los piratas en 1681. Luchando a brazo partido, milicianos, hombres y mujeres lograron que los bandidos del mar se batieran en humillante retirada.

En premio a esta hazaña ariqueña (nadie sabe para quién trabaja), la corona le concedió a Ovledo la Mita de Azapa, cuyo funcionamiento significó explotación, hambre y muerte para gran número de indios. Ahí pasó a la posteridad como un héroe con pies de barro. La no menos desenvuelta viuda (que no demoró más de siete meses en contraer segundas nupcias) siguió profitando de la mita, a despecho de que la merced debía expirar junto con la vida del titular. Consecuencia directa de este abuso fue que seis pueblos de la precordillera quedaran con su población de varones reducida a la mínima expresión.

UN SIGLO Y MEDIO

La construcción del nuevo convento debió durar cerca de diez años. Dado que Gaspar Oviedo falleció en 1703, deducimos que la donación del terreno quedó consignada formalmente en su testamento y acaso adicionalmente complementada con una generosa suma de dinero para las obras. Más que seguro que Oviedo pidió ser amortajado con el hábito de San Francisco. Presumiblemente, el tsunami de 1705 aceleró el deseo de mudarse, pero una ilustración de 1709 muestra al convento de la Chimba en plena vigencia. En todo caso, en 1713 las obras del “Proyecto San Francisco” están ya a punto de concluir, como que al año siguiente era por fin inaugurado.

Considerando la carencia de recursos materiales y la escasez de mano de obra, resulta inimaginable que los franciscanos se hayan dado el lujo de construir además una red de túneles en un subsuelo cruzado por ríos subterráneos y, más encima, expuesto a frecuentes terremotos.

A propósito de incapacidad económica, baste decir que el retablo del altar mayor pudo terminarse recién en 1811; o sea, a casi un siglo de la inauguración del convento y faltando 17 años para que la Orden se fuera de Arica. El nuevo convento quedó haciendo esquina y punto extremo por el sur-este, a una cuadra del complejo de San Juan de Dios (templo, convento y hospital), aproximadamente a la altura de una callejuela paralela por el sur a la “calle de La Merced que va al mar” (precursora de nuestra 21 de Mayo) y que pareciera corresponder a una mentada “Calle del Reloj”, la que obviamente pasó a llamarse San Francisco.

Como sede conventual propiamente dicha, tuvo mayor envergadura que su antecesora chimbera. Además del templo (abierto al servicio de la comunidad) y de las celdas de los religiosos, biblioteca, oficinas y refectorio, tenía un mausoleo subterráneo y habitaciones para huéspedes, ya que siguió cumpliendo el rol adicional de albergue para religiosos en tránsito al Alto Perú, como asimismo para viajeros en visita oficial (científicos, comisionados, etc.). Allí se hospedaban asimismo los obispos de Arequipa en visita pastoral.

El convento de San Francisco registra un notorio decaimiento en los umbrales del siglo 19. Sumándose a la postración que venía arrastrando Arica desde algunas décadas por el ocaso del mineral de Potosí, se suscita el advenimiento de la lucha independentista.

En 1828, tras la partida de los dos únicos religiosos residentes, el gobierno peruano lo habilita como cuartel militar. A todo esto, procede consignar que a la sazón el convento colindaba por su espalda con la Recova o mercado, que tenía acceso por calle La Matriz (San Marcos). El violento terremoto del 13 de agosto de 1868 lo derriba despiadadamente. De su inventario, lo único que quedó intacto fueron sus dos campanas. Transcurridos ocho años, el gobierno peruano levanta allí la Nueva Recova (1876), que esta vez abarca desde la calle 28 de Julio (ex San Francisco) hasta calle La Matriz.

Durante los dos primeros años de la Guerra del Pacífico sirve de cuartel de caballería. Seguidamente, bajo la administración chilena, vuelve a ser ocupado transitoriamente como regimiento y luego se le restituye su natural rol de centro de abasto. Una nota aparecida en el diario “La Gaceta” (1948), describe que en una placa del acceso principal (por calle Sotomayor) reza la inscripción “12 de agosto de 1882”.

Conjeturamos que señala la fecha en que la autoridad chilena dispuso su funcionamiento como mercado, el único que existió en la ciudad hasta las primeras décadas del siglo pasado. Antiguos vecinos del sector recordaban que fue escenario de lucidas fiestas bailables de Año Nuevo.

“OPERACIÓN SAN FRANCISCO”

En 1991, a instancias del administrador Ricardo Castro Ramírez, el entonces alcalde Hernán Lagos Zúñiga autoriza una exploración al nivel subterráneo del Mercado. La “Operación San Francisco”, asesorada por arqueólogos de la Universidad de Tarapacá, permite encontrar a un metro y medio de profundidad restos de objetos de inventario militar (municiones, morrales de cuero, hebillas de cinturón, botones de blusas y tinteros).

Más abajo, a unos cuatro metros, dan con una escalinata de piedra que conduce a la cripta funeraria del convento. Los testigos exploradores encuentran cuatro ataúdes y partes sueltas de otros féretros, junto a jirones de mortaja y osamentas, al igual que una fosa común.

Nótese que se trata de una bóveda y que la escalinata de piedra constituye la única vía de acceso y salida. No califica, en absoluto, para túnel. En otro sector y nivel se hallan vestigios prehispánicos tardíos. Por razones de seguridad y salubridad, se dispone la clausura definitiva de los trabajos emprendidos y la prohibición de eventuales nuevas incursiones.

CATASTRO PATRIMONIAL

La Nueva Recova es una de las grandes obras consideradas en el plan de reconstrucción post terremoto 1868. No fue diseñada por Gustavo Eiffel, como ocurrió con la Iglesia Matriz (actual Catedral San Marcos), la Aduana (actual Casa de la Cultura) y los edificios gemelos de la Subprefectura Provincial (actual Gobernación Provincial) y el Correo miserablemente demolido, pero lo enaltece la conciencia de identidad urbanística y de lealtad al patrimonio histórico-cultural manifestado por el municipio ariqueño de entonces, al utilizar como material de reciclaje las siguientes piezas históricas remanentes del terremoto y tsunami de 1868:

1. Puertas de reja perimetrales de la Basílica Parroquial San Marcos. Ambas se encuentran empotradas en los frontis de acceso. Constituyen las más antiguas de las reliquias coloniales de Arica (1640). Son anteriores a las ruinas del Hospital San Juan de Dios, cuya construcción se inició en 1663.

2. Columnas de fierro de la Aduana inaugurada hacia 1855 y destruida por el tsunami de 1868.
Lo que aquel admirable municipio ariqueño peruano dejó para la posteridad, dos alcaldes ariqueños chilenos han querido hacerlo desaparecer.

La construcción de la Nueva Recova estuvo a cargo del contratista Federico Dauelsberg y las molduras de madera que coronan sus dos accesos fueron realizadas por el maestro Juan Gatta. Obra complementaria externa fue la plaza que después se denominó Esmeralda.

La primera señal de real compromiso de parte de la actual administración edilicia debiera ser la de desahuciar el decreto de demolición fraguado en el año 1987 y reformulado en el 2010. Por fortuna, no se ha concretado. Pero sigue ominosamente en cierne. Basta de hipocresía. Respetemos el legado patrimonial de nuestros antecesores históricos y emulemos su bien inspirado criterio, disponiendo las imprescindibles obras para restaurar y preservar ese caserón que en sus 137 años ha soportado estoicamente terremotos, temblores que provocó la naturaleza, y experimentado abandono y desamor de parte de nosotros, los chilenos. Ya que conquistamos este territorio, hagámonos cargo también de su patrimonio. Puede que la idea nos disguste. De hecho, hay trasnochados que pretenden llevar adelante una nueva Chilenización; pero es imposible negar la historia.

Mejoramiento en puntajes de la prueba SIMCE están en linea con Plan Quinquenal de Mejoramiento de la Gestión Educativa

Director del Colegio Chile Norte expresa que los resultados en el SIMCE 2014  son un primer paso ascendente en la senda hacia una educación de mayor calidad.

Destaca que este mejoramiento es parte de los objetivos propuestos en el Plan Quinquenal que está en marcha en el colegio.

3er. Año Básico "A"

3er. Año Básico “A” y su profesora Rosa Lobos

En efecto, “los resultados obtenidos por los alumos del colegio en las Pruebas de Medición de la Calidad de la Educación 2014 y conocidas el 13 de mayo, indican un claro mejoramiento de los puntajes de nuestros alumnos”, dijo el director Juan Villarroel.

Señala que “los sostenedores del colegio aprobaron el plan quinquenal de gestión que está orientado a mejorar, primero, los resultados del aprendizaje en la evaluación externa”. Concretamente, esto significa trabajar para mejorar los puntajes que los alumnos del colegio Chile Norte obtienen en las pruebas del Sistema de Medición de la Calidad de la Educación, SIMCE y en las Pruebas de Selección Universitaria, PSU.

3er. Año Básico "B", con su profesora Yanira Ledezma

3er. Año Básico “B”, con su profesora Yanira Ledezma

En segundo lugar, se trabajará en mejorar los resultados del aprendizaje de acuerdo a la institucionalidad vigente, lo que implica un mayor esfuerzo de docentes, alumnos y apoderados para que los estudiantes mejoren sus resultados escolares, es decir, “mejorar los promedios de notas, por ende, que los alumnos aprovechen de mejor manera los conocimientos que los profesores les entregan en las horas de clases”.

En tercer lugar, aumentar la matrícula y disminuir el ausentismo escolar, puesto que él incide negativamente en los resultados de aprendizaje y en los recursos disponibles para el mejoramiento de infraestructura y equipamiento, igualmente necesarios para una educación de calidad.

5to. Año Básico "A" junto a su profesor Cristian Sosa

5to. Año Básico “A” junto a su profesor Cristian Sosa

En cuarto lugar -señala el director Villarroel- el mejoramiento de la gestión pedagógica. Esto tiene que ver con la forma y el contenido con que cada profesor prepara y realiza sus clases. Tenemos un excelente plantel docente, por lo que, planteado el objetivo nuestro equipo de profesores está comprometido con alcanzarlo.

El quinto punto está relacionado con la participación de la comunidad escolar, integrada por directivos, apoderados, docentes, alumnos y personal de apoyo a la gestión docente. Nuestro plan entiende la participación como una permanente coordinación de acciones orientadas a conseguir los objetivos contenidos en este plan. Para ello, cada uno de estos estamentos debe cumplir el rol que les es propio, sin que ello implique una interferencia en el cumplimiento de los roles de cada uno. El director Villarroel enfatiza que nadie debe confundirse, puesto que la participación, en ningún caso significa “co-gestión”.

Finalmente, mantener un clima de respeto y buena convivencia escolar, es –no solo en el colegio

5to. Año Básico "B", con su Profesora Paulina Auad.

5to. Año Básico “B”, con su Profesora Paulina Auad.

sino en toda la sociedad- un objetivo a desarrollar y profundizar para que, en este ámbito, el colegio sea un espacio amigable de encuentro y desarrollo no solo personal, sino comunitario.

Juan Villarroel, no disimula su optimismo ante el desafío que tiene por los próximos cinco años, puesto que cuenta con los elementos humanos, materiales y logísticos para lograr estos objetivos y posicionar al Colegio Chile Norte dentro de los que tienen los mejores estándares de calidad educativa de la región, puesto que ello es parte de la misión del establecimiento.